miércoles, mayo 31, 2006

Karate

por Luciano Lamberti

Mi primer profesor de karate no importa:
tenía rulitos y bigote. Terminaba la clase más temprano
para irse a ver telenovelas con su mujer. Uno de esos tipos.
Ahora está durmiendo, durmiendo en la colina.
El segundo profesor luce también apellido italiano.
En el comedor de su casa, me dijeron, colgaba la foto de un maestro japonés
vigilando con mirada japonesa los almuerzos familiares.
Ahora está durmiendo, como todos, durmiendo en la colina,
pero en aquel entonces nos daba lecciones de honor.
Karate es control, paciencia, resistencia, una mirada de hielo.
Un martes no vino a la clase, y poco después se supo,
que había disparado a su mujer, que tenía cáncer,
y luego se había disparado a sí mismo, y que el auto
donde estaban quedó estacionado
al borde de la ruta. A la semana siguiente
un nuevo profesor lo reemplazó, un tal Fabianni
que se tomaba el trabajo a la ligera, y dejé de ir.

La cartonerización de la crítica

martes, mayo 30, 2006

Intercambio cultural

La artista conceptual cordobesa

La escritora y performer Silvia Attwood, presentará el miércoles «10 metros de gritos», la performance en la vía pública se llevará a cabo desde las 10 en la vereda de espaciocentro, en calles 9 de Julio y Tucumán.La intervención urbana consiste en invitar a la gente a descargar sus tensiones, a modo de catarsis, para que griten dentro de una bolsa de nylon. Ellos escribirán sobre un rótulo adherido la frase o palabra que gritaron para luego colgarla en una soga. La obra culmina cuando los 10 metros se completan de alaridos. A medida que los interactores cuelgan sus bolsas, la artista les regalará un texto donde se reflexiona y profundiza sobre la acción.«10 metros de gritos» se expondrá ya convertida en instalación visual y sonora en la mencionada galería de arte durante los días jueves y viernes próximos.

lunes, mayo 29, 2006

Sol de Mayo




Quedamos en encontrarnos un rato antes de las once en Dean Funes y Sol de Mayo. Son tres canchas de tierra donde fuimos a jugar con mis compañeros del colegio durante muchos años, había dicho Godoy la noche anterior mientras arrimaba a la parrilla la primera pizza con rúcula. Luego vendría el roquefort y los pimientos rojos.
Las canchas tenían historia. El partido también.

En febrero nos habíamos convocado al Parque Sarmiento. Fue el día más caluroso del verano o así nos pareció. Fuimos diez escritores cordobeses corriendo detrás de una pelota y sucedió algo que aún no puedo definir con palabras pero fue bello. Galeano ha sabido decir que el fútbol es la fiesta del cuerpo. Bueno algo así.

Luego de la juntada nos seguimos invitando y jugando fútbol. Godoy empezó a meter fotos y relatos en un blog que sirvió para que el equipo tenga como una sede. Ahí entrás y te sentís parte de algo. Es como el bar, el asado y los chistes. Hay olor a pucho, a maní y a cerveza. Hay murmullo de tipos hablando de algo que va cambiando de forma pero que permite seguir haciendo jugadas.

Después llegó la foto de los porteños. Estaban en un bar. Algunos sentados y otros parados. Casi todos sonreían a pesar del cansancio que se veía en sus medias caídas. Y empezó a rondar una pregunta: ¿Cuándo jugamos?

Idas y vueltas nos llevaron hasta Mayo. Decidimos vernos, jugar y leer. Esto fue entre el viernes 26, sábado 27 y domingo 28 de Mayo de 2006 y hasta salió una nota y varios avisos en la Voz. Ahí trabaja Rodríguez. El también escribe y juega al fútbol con nosotros.

A los días, comentando lo sucedido, Fito contó que se hacía un mundial de fútbol de escritores. Que el último campeón había sido un club de Italia que se llama Osvaldo Bayer. Luego me dice que el nombre se lo habían puesto en homenaje a sus cuentos de fútbol. Entonces dudé. Quizás Bayer tenga cuentos donde la esférica es la protagonista pero me suena a que el homenaje se lo hicieron al Gordo Soriano y Fito la pifió como el gol hecho que me erré contra los porteños el sábado a la mañana. Otra cosa que dijo es que Argentina no participaba porque no tiene equipo. Qué querés con los escritores argentinos, me dice, te lo imaginás a Saccomanno pateando una pelota. Y me quedé pensando en el otro prócer de las letras y la redonda que hemos tenido: El Negro Fontanarrosa. Que en las últimas notas se lo ve tan caiducho, con esa enfermedad de mierda que tiene metida en el cuerpo y le va ladeando el chasis para un costado. Jugar, no creo pero, de técnico seguro el Negro se prende. Por las dudas yo voy armando la lista, a ver si llegamos. Ojo, voy a hablar de algunos jugadores solo habiéndolos visto una vez pero, así en el fútbol como en la vida, me parece que con una muestra basta. Aparte, cuando entrás a la cancha quedás tan desnudo que la transparencias de lo que sos hablan solas. Ahí va:

ARQUEROS

LAMBERTI
Ha demostrado, con el paso de los partidos, su espíritu combativo. Invencible aún vencido, hay algo en sus palabras y movimientos que lo hacen un tipo diferente. No tiene compromisos con la historia del fútbol porque se nota que nunca lo ha jugado y por eso se mueve en la cancha de una manera poco ortodoxa. Digamos rara. Saca pelotas con una mano, con las dos, con el culo y la cabeza. Le han pegado pelotazos en la cara, los dientes, en los codos y en la espalda. Menos en los lentes, intocables, en todos los sectores de su superficie corpórea. Pero él sigue. Dentro y fuera de la cancha es el que siempre invita a juntarse una vez más. Cumple con los horarios y todo. De fierro, el vago.

FUNES
Aclaro: Funes puede jugar en cualquier puesto. Vamos a respetar lo del arco porque el sábado aquél defendió la valla y muy bien, pero se nota que se lo podría probar adelante, en el medio o atrás. Es seguro con sus manos. Ventosa le dirían acá. Embolsa el balón que se puede embolsar, descuelga el centro largo y corta el pase corto. Está donde debe estar y no hace firuletes de más. Otra cosa, es de esos arqueros, como el Loco Gatti, que sale jugando con los pies, patea de lejos y es capaz de hacer goles. Aparte habla como lee, con seguridad. Dice lo justo y necesario y se entiende. Un artesano con oficio que pega los papelitos de la hinchada en un cartón y hace las tapas de su libro. Así concreta sus jugadas. Lo último: tiene buen humor y eso es algo que todo buen equipo posee en dosis considerables.

DEFENSORES

FALCO
Este es un caso raro. De esos que con el tiempo suelen dilucidarse pero que en caliente uno no sabe bien qué hacer. No hace falta decir porque razones extra futbolísiticas llevaríamos a Falco al mundial. Es un buen tipo. Sincero, amable, muy inteligente y cariñoso. Dentro de la cancha ha logrado destellos de buen fútbol y hasta a depurado sus movimientos para que empecemos a ver algunos atisbos de técnica, pero se empecina en no jugar. Digamos: ante la posibilidad de salir de la cancha, el que sale es él. Quizás sea que, como en su escritura, ha logrado intervenir lo justo y necesario y así está bien. Recuerdo un partido de viernes a la noche donde imperaban la garra, el cansancio y el desorden y Falco empezó a dar pases exactos. Eso marcó la diferencia y definió el partido. Es sorpresivo, entonces. De esos que cuando nadie se lo espera te sorprende con una delicia que vos decís: la pucha con el gringo, es un artista.

LOYDS
¿Se acuerdan del Tanque Brieguel? El grandote alemán que lo corrió toda la cancha a Valdano en la final del 86 y no lo pudo alcanzar. Por suerte salimos campeón. Si hubiera estado Loyds, no ganamos. Qué pegada, papá. Loyds es fachero, digamos, rubio y de ojos claros. De esos jugadores facheros y calmos. Eso sí, la agarra bien a la pelota y, si te pega en la frente, te desenrosca la cabeza. Aparte marca, pone el pecho, las manos. Es guerrero y usa bien su mejor herramienta, el cuerpo. Habla poco pero se la podés pasar tranquilo porque sabés que o da un pase preciso o le apunta al arco. En cualquier esquema, Loyds es el defensor fundamental porque se planta atrás y te cuida el territorio. Ahí tranquilo, parado y sin darte sustos por querer hacer una de más. Yo lo pondría de dos. Y le daría la cinta de capitán. Se me hace que cuando se le acerque al árbitro, lo mire fijo a los ojos y con sus voz gruesa le diga: Qué cobraste, el hombre de negro va a revisar su fallo, seguro.

BUEDE
Hace un tiempo me preguntaron si lo conocía a Anibal Puede. Dije que sí por más que sabía que su apellido era con B y no con P. Nunca habíamos jugado al fútbol y cuando lo hicimos me di cuenta que estaba bien dicho: Anibal, Puede. Llega al fondo de la cancha y vuelve diciendo que vamos, que ya los tenemos, que hay que ganar. No grita, habla en un tono monocorde y parece la radio un domingo pero te convence. Si vas perdiendo 3 a 2, el vago empieza a decir: Vamos que ganamos 5 a 3. Y a los minutos, increíblemente, diste vuelta el resultado. Esa es su mayor virtud, la actitud. Que sumada a la confianza, la constancia, el tesón y el coraje, hacen un defensor maduro y eficaz, necesario para pelear sobre todo en los partidos finales de cualquier campeonato. Y es buen tipo, se nota, porque después de cada gol, te abraza.

MEDIOCAMPISTAS

QUINTÁ
En este caso estamos hablando de la fuerza de la juventud. El pibe corre, mete, va y viene y te dice: dale. Está apurado y le sobra aire. Por eso hace goles, defiende, cabecea, pica corto, pica largo, se choca el tejido y vuelve. Qué energía, por favor. Es muy gracioso y ocurrente y eso, dentro y fuera de la cancha, ayuda para enfrentar los momentos más difíciles. En la mitad de la cancha hace falta gente así para tener resto. Con la iniciativa y el entusiasmo necesarios para luchar contra la adversidad. Por ahí, se nota que se pasa en la velocidad pero, más vale que so, so y no que fa, fa. Quintá tiene técnica, buen porte y aire. Es cumplidor y comprometido. Ah, otra cosa importante: siempre tiene ganas de volver a empezar la jugada, corregir y cuando el partido terminó, ya está pensando en el próximo.

TERRANOVA
Yo diría, un cinco clásico. Tiene el don de la pausa y eso, hoy que todo va tan rápido, nos juega a favor. La para, la pisa y da el pase. Esa pausa le permite dar el pase doloroso. Ese que traspasa al equipo rival y le mete la daga donde más le duele. Aparte lo deja mudo, impotente, porque le descubre, en la falencia, un punto débil, la fisura. Juega tranquilo y eso, hace falta en todo equipo. Tiene un aire de despreocupado pero está pensando, está viendo cuándo y dónde dar el golpe. También cuenta con una buena dosis de despliegue y llegada en el terreno más cercano. Cuida su quinta y la del equipo también porque cuando pasa al ataque hace doler. Posee potencia física y, al trote, se sostiene a lo largo de la disputa. Además, conversa con los compañeros, pase, pared, gambeta, pausa, pase, pared. Alienta y ordena con la verba. Un cinco, clásico.

RODRIGUEZ
Cuando arranca de atrás es mejor, más ofensivo. Por eso tiene que estar al medio. Podría ser delantero pero mejor que tenga el tiempo necesario para cansarse antes de llegar al arco. Define sorpresivamente porque es práctico. Va al hueso, diría, y a paso largo. Su tranco le posibilita avanzar sin piedad. Rodríguez se mete en el terreno de una forma que cuando menos te diste cuenta hizo el gol. Es guerrero y su falta de estado físico lo pone de un humor bastante parecido al de Tomatito, el payaso asesino. Su mayor virtud: va para adelante y se lleva a la rastra al equipo enganchado como si fuera un acoplado vacío. Lo pondría al lado del cinco, que lo ayude, lo asista, lo acompañe y lo sorprenda con un pique largo, una gambeta, otro pique largo, una traba con el rival, otro pique, esta vez corto, y una definición simple, fuerte y al ras del suelo. Lo imagino saludando a la hinchada con el botín en la mano, quitando la piedra de su zapato.

GODOY
Es el mago. El encargado de hacerla desaparecer. El que va a sorprender calladito y moviendo el cuerpo al ritmo del desgarbe. Usa las dos gambas y las entreteje de una manera que al rival se le hace difícil quitarle la pelota y acercársele. Usa los brazos de un modo que se asemeja a la enredadera silenciosa y envolvente que trepa y avanza, trepa y llega. Da pase y espera la devolución. Juega en equipo y si queda solo, la resuelve por su cuenta. No le pidas orden, lo suyo es la sorpresa, el detalle mágico, el toque de sutileza y la entrega cuando hace falta. También cuenta, como su poesía, con una pizca de ironía y otra de picardía. Godoy entonces, es poeta en la cancha y jugador exquisito en la cocina porque tiene habilidad. Y sabe usarla.

DELANTEROS

TOMAS
Imprescindible. Es el delantero que, si hace falta, vas a buscarlo al boliche, lo sacás borracho y le das dos litros de café para que juegue. La para, la cubre, se da vuelta y no lo agarrás más. Te hace el gol si está mano a mano y si está lejos del arco se la rebusca para llegar. Cabecea bien, la pone donde el quiere, ayuda a marcar y la pelea en todas partes. Yo lo dejaría arriba a la espera de un pelotazo, total, va a hacer lo necesario para que el balón entre en ese surco que él va haciendo tanto ir y venir. Otra cualidad: se calienta cuando hay que calentarse y la pide siempre. La quiere tener en los pies, cantar gol cada dos minutos y todas las veces que se pueda. Es el ídolo de la hinchada. El que si lo putean desde la tribuna les va a tapar la boca con goles. Como sean, feos o lindos, siempre te va a hacer recordar que los goles son amores.

MAIRAL
Bueno, el muchacho se las trae. Mairal patea mal, digamos, pone mal el pie y casi siempre sale mal. No es confiable su devolución ni su pique pero él se divierte, Y en todo equipo hace falta gente divertida. Que agarre la pelota con la mano, que haga chistes en pleno juego, que cuando hace las cosas bien, diga: me equivoqué. Ese delantero con mirada limpia y alegría en los labios. El que te va a sorprender con un sutil uso del chiste. El que descomprime y pone lo más sublime a la altura de lo ridículo.
Un tierno, es Mairal. Un tipo bueno que, quizás una tarde, cuando nadie lo espere, la pare de pecho y la patee con fuerza, con precisión, para ponerla allá, para que todos gritemos gol, aunque la pelota quede colgada en lo más alto de un eucalipto.

Bueno, creo que es todo, estamos en camino, hacia allá vamos. Tenemos equipo, tenemos jugadores, somos escritores en busca de nuestro mundial. Somos mundiales en busca de nuestro escritor. Somos, mientras tanto. Abrazo de gol.

sábado, mayo 27, 2006

córdoba 12, buenos aires 11

Finalmente sucedió. Ese fue el resultado. Estuvo reñido. Y se repasa mentalmente una y otra vez el gol definitorio. No puede ser, pero puede ser. Un gran partido. A las 11 de la mañana. Después asado, siesta.
El día anterior, el remisero absoluto manejó hasta córdoba capital. Signado por el número 11, tardó 11 horas al volante, con un largo desvío por la más oscura de las noches en las rutas argentinas. (Qué mal señalizado está!). El copiloto Funes, cebaba mate. Gran conversa. Valió la pena el viaje. Se está bien en córdoba.
Habrá fotos.

viernes, mayo 26, 2006

Richard Yates, Once tipos de soledad

jueves, mayo 25, 2006

¿Qué hay de nuevo, viejo?



En diez años que llevamos
de nuestra revulución
por sacudir las cadenas
de Fernando el balandrón:
¿qué ventaja hemos sacado?
Las diré con su perdón.
Robarnos unos a otros,
aumentar la desunión,
querer todos gobernar,
y de faición en faición
andar sin saber que andamos:
resultando en conclusión
que hasta el nombre de paisano
parece de mal sabor,
y en su lugar yo no veo
sino un eterno rencor
y una tropilla de pobres,
que metida en un rincón
canta al son de su miseria:
¡no es la miseria mal son!


(...)


Roba un gaucho unas espuelas,
o quitó algún mancarrón,
o del peso de unos medios
a algún paisano alivió;
lo prienden, me lo enchalecan,
y en cuanto se descuidó
le limpiaron la caracha,
y de malo y saltiador
me lo tratan, y a un presidio
lo mandan con calzador;
aquí la lay cumplió, es cierto,
y de esto me alegro yo;
quien tal hizo que tal pague.
Vamos pues a un Señorón;
tiene una casualidá...
ya se ve... se remedió...
Un descuido que a un cualquiera
le sucede, si señor,
al principio mucha bulla,
embargo, causa, prisión,
van y vienen, van y vienen,
secretos, almiración,
¿qué declara? que es mentira,
que él es un hombre de honor.
¿Y la mosca? No se sabe,
el Estao la perdió,
el preso sale a la calle
y se acaba la junción.

Bartolomé Hidalgo, 1821

miércoles, mayo 24, 2006

El crítico invitado

lunes, mayo 22, 2006

La disolución de Marta Gloria

por María del Carril


La primera vez le borraron digitalmente la grasa que se le juntaba en la cintura y en la panza, un poco de cadera y de piernas, la piel sobrante de las rodillas y la que ya colgaba de los brazos y la mortificaba cuando ponía sal, cuando se peinaba frente al espejo y en otras circunstancias menos precisas. Había aceptado la propuesta de Eugenia, productora de la nota, al ver la prueba de tapa en la oficina del diseñador. Era una foto en ropa interior blanca. Aunque era considerada atractiva por empresarios sexagenarios, choferes y porteros, y a pesar de todos los sacrificios a los que se sometía amargamente, no había vuelto al talle de su juventud. También habían atenuado las arrugas alrededor de los ojos y las que asediaban la boca, las que habían resultado de miles de días de vana gesticulación y que tapaba cada mañana con base y polvo blanco quizás sin saber que las hacía más profundas y más visibles.

Había celebrado esa tapa, la primera desde hacía algunos años, con Alberto, en un restaurante de la calle Uriburu y después, para su sorpresa y regocijo, en un hotel en esa misma cuadra. Mirándose en el espejo del techo que la reflejaba, todavía rubia y triunfante bajo un hombre de anchas espaldas, ebria de vino blanco y mousse de chocolate, Marta Gloria recordaba el título en letras mayúsculas: “A los cincuenta y ocho años, la diva vuelve a creer en el amor”.

La segunda vez borraron imperfecciones de sus piernas y de sus brazos, la papada, las arrugas del pecho, del cuello y de la cara, la panza que deformaba el camisón de seda negra con el que aparecía arrojada en el sillón de su living, con un brushing recién hecho, proclamando “Soy una mujer celosa y apasionada”. Alberto le había dicho después que ya no le convenía mostrar sus pies, que estaban hinchados.

La tercera vez borraron todos los excesos de su cuerpo. Le sacaron cinco centímetros de cintura, la mitad de sus caderas y de sus piernas, y la esfumaron para que pudiera aparecer en jeans y en corpiño de encaje lila. En la oscura madrugada de un sábado, desde un taxi, se vio estampada en un cartel en plena Avenida del Libertador, con el pelo recogido y una gargantilla, soplando suavemente una pluma. Había tomado varios litros de cerveza con un amigo en un bar y estaba un poco mareada. Sentía su cara como una máscara endurecida, el engrudo del rouge, del rimel y de las capas de base esparcidas sobre las capas de sudor y cansancio en un baño con luz levemente azul.

En un kiosco compró tres ejemplares, dos para ella, uno para su madre. Vio su pesado cuerpo estilizado, borroso, su cara casi indiscernible, despojada de todas sus abominaciones, y debajo las grandes palabras entre comillas que tardó en reconocer como suyas: “Ya no pienso en suicidarme”. En el ascensor leyó el copete: “Recuperada de una larga depresión tras el pedido de divorcio de su ex marido, el exitoso empresario de catering Alberto Ferrigaro, la actriz afirma que pesa once kilos menos y que ahora le apuesta a la vida”.

Antes de suprimirse por completo, hubo otras apariciones. Una, envuelta en una toalla rosa, en el borde de su bañadera; otra, en pareo, calcinada por el sol, en el jardín de su chalet de Mar del Plata. La última vez era una difusa mancha roja sobre un fondo color crema. Algo resplandecía, quizás un collar o un anillo.
*
(Publicado en el suplemento Cultura, de Perfil)
María del Carril es autora de Humus.
Su biografía y otro cuento acá.

domingo, mayo 21, 2006

Córdoba, allá vamos

Poemas con caballos

En el blog de César Mermet (1923-1978), las mejores descripciones de caballos que leí en años. Existe un buen poema de Ponge sobre el caballo en Métodos, pero esto es todavía más material, objetivado, vivo, casi palpable.

LOS TRES CABALLOS

Musgosamente mudo belfo
con tacto manso empuja fina sombra,
morro fofo arremanga húmedo labio,
ollares ciegos resoplan vida cálida,
enorme y descendida la cabeza busca
en ralo pasto parvo viento.
Y desde siempre por los dientes sigue
prendido a su condena,
caballo como eterno y como sueño.

(sigue acá)

sábado, mayo 20, 2006

Borges Reloded

"Te ofrezco ese meollo de mí mismo que he guardado, de algún modo; el corazón central que no comercia con palabras, no trafica con sueños, y no tocan el tiempo ni el placer ni las adversidades."

Ver la traducción al castellano que el gran Zaidenwerg hace de los Dos poemas ingleses de J.L.B.

jueves, mayo 18, 2006

Me acuerdo del día en que me atropelló un auto

por Federico Levín


Me acuerdo del día en que me atropelló un auto
(Corea - Japón 2002/ Alemania 2006)


Mi amigo F. se fue una vez a vivir a España, pero ya volvió y está ahora enfrente mío. Intentamos deducir hace cuánto tiempo es que se fue, exactamente, pero las cuentas no nos cierran.
Hasta que me acuerdo del día en que me atropelló un auto.

El cálculo es así: él se fue a vivir a España, siguiendo a mi amiga B. que era su novia y vivía allá, una mañana. A la noche del mismo día, me atropelló un auto. Un enfermero me sacaba en silla de ruedas del hospital Pirovano para subirme a una ambulancia y le pregunté: "¿Llego al mundial?".
En el mundial pasado, en las vísperas del mundial del Loco Bielsa, se hablaba de lo mismo que ahora: los jugadores se lesionaban y había que ver si 'llegaban al mundial'."
Si vas a atajar, seguro que no" me contestó, rápido, el muchachito de blanco.
Así que pasaron cuatro años.

Esa mañana F. se iba. Lo fui a visitar. Nos abrazamos bastante y me regaló una remera negra con una foto de Dalí acompañada por una leyenda: "A surrealistic point of view".
Y se fue a vivir a otro lado.
Esa noche me sentí un poco inquieto. Me tomé unas cervezas con mi viejo en la cena, porque era Viernes, y quedé un poco inquieto. En media hora la inquietud tornó tristeza, soledad un poco solemne. Hice unos llamados que nadie respondió, y salí de mi casa.

Cuando no sabía a dónde ir, ni por qué, en esa época iba siempre al mismo lugar: El Viejo Belgrano, un bar que estaba, y sigue estando, en Amenabar entre Blanco Encalada y Olazabal, a la vuelta de la pizzería “La guitarrita”.
Cuando fui esa noche, la noche del día en que mi amigo F. se fue a vivir a España, yo estaba saliendo con la camarera de ahí, o algo así. Ella era la camarera, seguro, lo que no sé es si estábamos saliendo. En fin.
Llegué, con la remera de Dalí, "a surrealistic point of view", a manera de homenaje. Me sentía apto para cualquier malentendido: tenso, turbulento. Mi amigo F. debía estar volando. Me tomé una de litro, y después un par más. Unos fernets, total la camarera amante y el dueño amigo me invitaban. Eso sí: después hablaban mal de mí, porque el dueño amigo le tenía muchas pero muchas ganas a la camarera amante, que estaba bien buena. Tenía un aire, en esa época, a la artista antes conocida como Jennifer Lopez.
Quedé bastante borracho.

Se largó una de esas lluvias de mayo: una lluvia furibunda. Los habitantes rotativos de la barra ya se habían agotado, los temas de Pappo, por entonces vivo, invitaban al cierre, y las camareras, la mía y las otras, levantaban la sillas y las ponían sobre las mesas.
Ya estaban todas las sillas durmiendo su siesta nocturna de murciélagos, patas para arriba, cuando el dueño, viendo el estado en que me encontraba- borracho- se ofreció a llevarme a mi casa en auto. Yo vivía con mis viejos a doce o trece cuadras de ahí, distancia entonces incaminable. Acepté.
Se apagó Pappo, se apagaron las luces, y corrimos al auto. El dueño al volante, mi camarera amante en el asiento del que acompaña y yo atrás.
Llegamos a Cabildo y José Hernadez y el dueño me explicó que si me llevaba hasta Virrey del Pino y O' Higgins iba a tener que dar una vuelta ampulosa, tremenda, y así que si podía, si no era molestia, me dejaba ahí. Yo estaba de mal humor, el dueño se llevaba a la camarera amante, así que no quise seguir el diálogo. Me bajé.
Caminé una cuadra algo épica hasta V. Del Pino y Cabildo. Me paré a esperar que cambiara el semáforo para cruzar la avenida, con las rodillas tembleques y la lluvia de sombrero denso, hasta que me aburrí. No venía nadie de este lado, así que, con lo que después llamaría "el pedo omnipotente" para la risa de los parroquianos del Viejo Belgrano, me mandé hasta la mitad de Cabildo a esperar que terminaran de pasar los de allá.
No sé bien.
El semáforo se puso amarillo, pero el auto blanco seguía avanzando. Di un paso al frente. El auto blanco torció un poco su rumbo, no sé. Yo vi que me apuntó, pero decirlo suena poco serio. En lugar de volver atrás, caminé unos pasos más, creo. Tal vez patinó, la lluvia torrencial, mi borrachera, etcétera. Yo creo que me apuntó.
Lo que sirve decir es que no me agarró de lleno, algo debo haber hecho, no me arrastró hacia delante sino que me pegó en la cadera y me dio vuelta en el aire, en el lugar. Caí ahí mismo. Me levanté, no porque no me hubiera desmayado sino porque venían otros autos atrás, por la revancha. Vi que el auto blanco, que había ralentado, arrancaba de vuelta.
Sí, me "hizo el abandono de persona", como me dijo el policía cuando fui a declarar a la comisaría.
Me levanté y caminé hasta la vereda. No sentía la cara pero cuando me pasaba la mano la llenaba de sangre, primeros segundos.
En esa esquina solo había, refugiándose de la lluvia debajo de un toldito, cuatro chicas encantadoras. Si bien estaba a pocas cuadras de mi casa, lo único que se me ocurrió fue tomar un taxi a algún lugar. Intenté parar a algunos, pero seguían de largo. Se ve que no querían lidiar con víctimas demasiado recientes de una anécdota que podrían contar. Así que me acerqué a las chicas. Con mi mejor voz de locutor empecé a hablar, y cuando me miraron les vi una cara de miedo que no podría explicar. Les dije: "Acabo de tener un accidente... ¿podrían parar un taxi que me lleve a un hospital?"

El taxista me dijo, como primera medida, que no le manche el tapizado, me dio un trapito. Pero el tipo era uno de los buenos. Me pidió el teléfono de mi casa y me llevó al Pirovano.
Bajé del taxi y fui a la "recepción" de la guardia. Una mujer me dijo que me fuera a limpiar, que estaba lleno de sangre. Me mojé la cara en un piletón. Muchos heridos de peleas callejeras, muchos borrachos maltratadores de enfermeros. Todos hostiles, poco hospitalarios. Nadie se quería, ahí adentro. Me pusieron un delantalcito y me sentaron en el medio del pasillo. Yo temblaba y le decía cosas a los médicos que pasaban, cosas absurdas; a veces los puteaba, a veces les hacía chistes. Pocas veces me contestaban. Una enfermera bastante bonita me dijo que no podía responder lo que le estaba preguntando, pero, lo que sí, era mejor que no hablara tanto porque tenía abierto desde el labio hasta el mentón. Me callé.
Al rato llegaron mis viejos, más asustados que yo (me apuntó, fue lo primero que les dije). El taxista se había quedado llamando hasta que los despertó- debían ser la cinco de la mañana. Atendió mi hermana menor, que le dijo a mis viejos que 'Fede tuvo un accidente', y se volvió a dormir.
Mi amigo F. se enteró apenas llegó a España. M., la hermana de su novia, les dijo: "A Fede lo atropelló un auto (...) Igual, no pasó nada, está bien". F. no entiende cómo es que lo dijo en ese orden, y no al revés.
Después de la noche en el Pirovano, y una enfermera que me sacaba los pedazos de diente incrustados en los labios y decía "...mi turno termina a las seis... estés como estés, yo me voy"; después de eso (el taxista pidió saludarme antes de volver a dormir a su casa) me trasladaron al Sanatorio Mitre, y fueron unos días en observación hasta que volví a mi casa.

Cuando el auto blanco me apuntó, cuando me di cuenta de que ya no había frenado, pensé que tenía algo para contar. Lo juro.

Ese cinco de junio a la madrugada, mientras festejaba mi cumpleaños con un yeso en el brazo derecho, la selección de Bielsa perdió contra Inglaterra.

La remera de Dalí pasó a ser algo así como una "cábala probabilística". Si ya me había atropellado un auto, era muy pero muy poco probable que volviera a pasarme algo malo llevándola.
Mi amigo F. volvió dos años y medio después, un doce de diciembre. Ese día, fui a la cancha a ver a Ñuls contra Independiente. Llevé la remera de Dalí, como cábala probabilística.
Perdimos, pero como Velez empató contra Arsenal, salimos campeones.Una desgracia con suerte.

Beautiful

The truth of the mílanes II

miércoles, mayo 17, 2006

The truth of the mílanes

Grafitti

La religión será el opio de los pueblos, pero Marx también es aburridísimo.

En el sur del abecedario

por Washington Cucurto


Las deficiencias de este papel fotocopiado no me importan, ni que digan que su tiempo de duración es de 40 años y se borra, que es eso lo que vivirán estas letras en el papel, se borra y, con él, el amor que fue testigo, testigos todos falsos que involucran tanto como los testigos de Sadam o de los jueces norteamericanos, será una prueba irrefutable por cinco años en la librería y en mi corazón; hojas, papeles de Buenos Aires, que nos traerán recuerdos de lo que juntos una vez hicimos: quedará un bar dominicano, mi casa de cumbia, los versos de Enrique Lhin como todo simulacro de paz y de guerra. Nada más.
Ni un juguete de oro.
Ni un balneario oscurecido en la playa al caer la noche por las mismas estrellas. No me importa la indigencia de mendicidad de este papel fotocopiado que yo sé bien que es parte de un proceso de deshumanización o humanización pedorra de los árboles.
Que dure lo que dure, che! Si al fin y al cabo, las letras siempre verdes en su lugar.
A su inescrutable puerta en la recta lengual, sublingual del sur del abecedario.

(de la antología “Hotel Quequén”, edit. Sigamos Enamoradas, febrero 2006)

martes, mayo 16, 2006

Los chicos crecen y los grandes temen

por Lolamaar (sacado de su blog
y en referencia al post de Casas)

A veces también me canso de romanticismos. No todo es lo mismo ni nada es igual. Los ´90, el 2001, los poetas. ¿Qué pasa que les dicen nenitos? Qué pasa poeta del ´90 que necesitás nombrar de ese modo a los únicos que están pensando y escribiendo con pluma irreverente y tomas de posición sobre la producción poética de la década del ´90 y de mucho más acá también. Porque tienen (tenemos) veintiuno, veintidos, veintitrés y si somos grandes estamos por cumplir veinticuatro.

"La adorable Anita Mazzoni", dice Casas como si hablara de una hermana menor. Los chicos crecen y prefieren leer a hacerse amigos nuevos. No les importa "conocerse" (Casas remarca a quiénes de esos nenitos él conoce), ni dejan de hablar (y leer) enmudecidos por esos lazos sociales. Seguramente unos y otros puedan disentir con sus lecturas y conclusiones, pero vendría bien, en principio, leerlas y dejar de menospreciar tan temerosamente a quien viene atrás de uno. Qué es sino valorar (sólo) el entusiasmo y la garra para no hablar de las ideas. Quisiera ver tus revelaciones.

En fin, una defensa que no contempla que la crítica de Selci-Mazzoni-Kesselman se hace a posteriori sobre lo que presenta la editorial y no opina sobre las intenciones previas (si el cartón y la fotocopia eran la única posibilidad una vez caído De la Rúa y venida la devaluación y si la editorial nació de "una necesidad o una elucubración"). En todo caso, habrá que ver qué hay de lo que quería ser Eloísa Cartonera, qué es, cuál es su estetización y sí, también, su ideología. Yo sí creo que las ideologías permiten pensar.

Y que por más posmo que se quiera ser, lo que hacemos va y viene desde, hacia y con ideología.

"Nuestro Hombre en Rosario"

por Rodrigo Terranova


(cliquear imagen para agrandarla)

Sacado de La divina oquedad
Y de Historietas reales

lunes, mayo 15, 2006

Cada vez más niños leen los libros de...

El Interpretador nº 26

sábado, mayo 13, 2006

Quero a vida sempre assim






fotos: sol echevarría, lupe muro y pedro mairal
composición: pedro mairal

jueves, mayo 11, 2006

Viernes: separados al nacer


miércoles, mayo 10, 2006

La Cartoon Era

por Fabián Casas

Algunas consideraciones sobre este párrafo publicado en Haceme Llegar:

Toda la basura a los cartoneros

Si hablamos de la relación entre basura y subjetividad en la poesía, es imposible no hacer referencia a la que posiblemente sea la editorial más famosa de la literatura actual, que es, por supuesto, Eloísa Cartonera. Hagamos primero unas consideraciones generales. En Eloísa Cartonera tenemos escritores de cierto renombre publicados en unos libros de cartón, todos hechos a mano por cartoneros reales, de los cuales no se produce más que un pequeño puñado. Hay un gesto a analizar aquí. El hecho de usar cartón para editar literatura representa la utopía autorreflexiva del capital: no hay puro resto, no hay basura, todos los desechos reingresan al mercado gracias a cierto proceso. El cartón pertenece claramente a este concepto –todo el trabajo de los cartoneros pasa por revolver la basura y encontrar algo que pueda ser reinsertado en el mercado. Nos hallamos entonces ante una editorial cuyo rasgo distintivo es algo así como una “desfetichización de la mercancía”, ya que es imposible no notar en ella el hecho de que contiene trabajo humano. El cartón, y su defectuosa o cómica conversión en un libro, nos grita que ha sido manipulado por un cartonero. En esta medida, caería la apariencia del fetichismo, puesto que veríamos “la verdad” del valor de una mercancía, a saber, el trabajo humano. Pero, incluso si aceptamos este punto, es justo aquí que empezaría a operar una perversa inversión dialéctica: si se desfetichiza el producto, se fetichiza el productor. Pues es evidente que estamos invitados a ver en esos cartoneros no una mera fuerza de trabajo, actualizable en diversos trabajos empíricos, sino algo como un Cartonero en sí. El verdadero objeto de Eloísa Cartonera no es meramente vender literatura, pues antes que nada y todo el tiempo nos abruma el ser-cartón del libro. Tampoco se trata de asistencia social (darles trabajo a los cartoneros), sino en cierto modo de vendernos cartoneros: vendernos libros por el hecho de que han sido fabricados por cartoneros. Así, el cartonero se vuelve alguien sublime, se estetiza, se convierte en alguien “bello” –de hecho, podemos ir a verlos mientras trabajan... (¿no hay aquí cierto sesgo pornográfico?) La belleza del cartonero emana de estar entre basura; más aún, de que la basura lo defina intrínsecamente. Incluso cuando hace un libro, sigue siendo un cartonero (y no un obrero); la basura lo persigue a todas partes, no se la podrá sacar jamás de encima. Lo que hay implícito en esto es un chapoteo perverso en la basura, que eterniza una coyuntura histórica en lugar de percibirla en su devenir. El cartonero siempre será cartonero, y la basura siempre será su concepto –ésta es la significación ideológica última de Eloísa Cartonera”.


Las consideraciones:

Durante las jornadas del Rojas dedicadas a los 30 últimos años de nuestra querida y remota poesía, dos nenitos (a uno de ellos yo la conocía, la adorable Anita Mazzoni) hablaron de la cualquierización de la poesía de los noventa (lo cual me inspiró esta garcha: “acaban de poner en venta/a los mogólicos del 90”). Más claro: ponían el eje de su discurso en el envase, en la forma en que están hechos los libros de los noventa –y le daban a la matraca a Marx, el fetichismo de la mercancía etc, etc-. Parece ser que el formato, la materialidad del broli, define a la poesía. La tesis era voluntariosa y los que estuvieron en el Rojas valoraron que los dos nenitos pusieran garra y entusiasmo. Pero también flotaba en el ambiente –de hecho, Daniel Samoilovich les perdonó la vida cuando les salió al cruce- que la idea de fondo era más efectista que reveladora. Como decía Ezra, que nos estaban adornando con una vacuidad camuflada con un buen estuche.

En el párrafo con el que se abre este texto –Toda la basura a los cartoneros- (y acá también de los dos nenitos que lo firman conozco a uno: Violeta Kesselman) se vuelve sobre la cuestión del envase. Es un párrafo bastante largo inserto en el mezzo de un texto donde se hace un rescate de la obra de un poeta, para mí, mayor. Daniel García Helder. La verdad, cada uno puede opinar lo que se le cante sobre Eloísa Cartonera. Uno de los lemas de la editorial que se nos ocurrió con Qqrto es : Un libro no se le niega a nadie. Creo que las apreciaciones sobre Eloísa pecan, por lo general, de ser reflexiones de personas que no pueden saltar de su propia sombra: la burguesía argenta. Un cartonero no es hermoso por ser cartonero. Pero tal vez, para algunos, lo sea. A algunos les gusta garcharse perros. La pobreza no es hermosa, a menos que sea la pobreza voluntaria, o Wabi, que predican los japoneses. Sí, hay millones de snobs en el mundo que compran los libros de la Cartoon - era porque es cool. Y muchos autores lo hacen por la misma manera (se sorprenderían la cantidad de autores “famosos” que querían ser publicados por Eloísa). Como Cucurto es un estafador genial (ahora para algunos Cucurto también es hermoso) utiliza a ese caudal de imbéciles para poder publicar cada vez más libros de una literatura a la que es muy difícil de acceder porque es desconocida, está fuera de catálogo o porque no la publican las editoriales grandes. Después de la crisis que sacó a De la Rúa en helicóptero de La Rosada, el único material barato para hacer libros, era el cartón y la fotocopia. Con lo cual el envase salió de una necesidad y no de una elucubración. Eloísa Cartonera necesita vender para poder publicar más libros. Es como el tiburón tigre, que si para de nadar, se hunde. Y si tiene que liquidar a su madre para seguir publicando –como lo sugería Billy Faulkner- lo va a hacer. No hay que buscarle mucha más ideología a Eloísa. Las ideologías no permiten pensar. Me pareció una pena que en un texto de rescate sobre Helder (pero a Helder no hay que rescatarlo de nada, ya que está parado exactamente donde él quiere estar, cosa que no muchos pueden hacer) creciera como un tumor esta metástasis que termina dominando el texto. ¿No hubiera sido mejor analizar el devenir de Helder-Rey Mundi y el último Alejandro Valentín Rubio (el que escribe Rosario) ya que ahí hay –cada uno en su singularidad-, una vertiente obsesiva y notable de la última poesía argenta? Paz.

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Vidas paralelas


por Adriana Battu

Recién estaba viendo Deer Hunter (El Francotirador o El cazador) por tele y sin volumen porque H. dormía. Me gusta esa peli. Hace mucho en un videoclub de Medrano y Perón un ex me dijo "es una película para hombres, no te va a gustar". Creo que en cuanto cortamos la alquilé, como una mini forma de mandarlo a la mierda. Y me encantó. Me gusta De Niro, me gusta que le apunte al ciervo y decida no matarlo, me gusta que vuelva a Vietnam a buscar al amigo. Y ahora la pesqué en cable y a pesar de que la veía en "mute" parecía que se oía igual, como si me acordara del sonido. Lo que pasaba era que la viuda del quinto, la que me despierta todos los domingos al alba porque sube como loca las persianas, también la estaba viendo y me llegaba el volumen amortiguado por el piso de por medio. Ella ahí arriba y yo abajo, las dos viendo a la una de la mañana la misma peli sobre alienados que juegan a la ruleta rusa. Y pensar que siempre me pareció una vieja insoportable.

martes, mayo 09, 2006

Absolut Remiser Recomienda:

(ojo, recomienda pero no se hace cargo de las alteraciones psicológicas que puedan manifestar los concurrentes)

El Taller de los Sueños

Taller de escritura y lectura de Wáshington Cucurto y Santiago Llach La dupla San-San abre su taller e invita a un recorrido único por la dulce estafa de la literatura.

El Taller de los Sueños es una experiencia de intensidad en relación con la literatura, el trabajo con el ruido y la afinación de la vieja poesía, un abordaje poligámico a los textos.

Se someterá a tus cuentos y poemas a una guerrilla lírica, se detectarán sus intensidades y se las pondrá a trabajar.

Se leerán los grandes poemas de las vanguardias, sus locuras políticas, todo ese publicismo del yo, y pensaremos en la edición y el autobombo: cómo hacerse escritor. Cómo hacer guevarismo editorial, cómo alimentar el Gran Canto Colectivo.

Será un taller sobre la literatura y la vida, la literatura y el paisaje deforme de la ciudad. La derrota y los sueños para darle de comer al monstruo de la poesía.

Prosa, prosa poética, verso, verso libre, santa rima, cuento, relato: la gran poesía que ya no quiere llamarse así: cómo seguir haciendo literatura en el fin de los tiempos, cuando la literatura tal como la conocíamos ya se terminó.

Lectura intensiva de los grandes escritores y poetas americanos: Francisco, Hinostrosa, Whitman y todos los poetas amados. Armar la tradición, devorar, copiar y pegar: cómo imaginar el mundo después de las lecturas: desmitificar para armarse un mito

Combos a medida
Vos armás tu grilla y la manera de participar.
Circulación intensiva por mail, visitas de escritores, lecturas.

$50 por mes.
Vacantes limitadas

Muestra gratis, con licor a cargo de la casa: domingo 14 de mayo a las 18:30, justo cuando la Tristeza viene de visita.

sansantaller@hotmail.com
tel. 4823-2703

lunes, mayo 08, 2006

Un auto casi fluvial

viernes, mayo 05, 2006

El custodio

por P. E. M
Había escrito algunas cosas sobre El custodio pero se las llevó el viento invisible de un virus troyano, y ahora desde un ciber no quiero reconstruir los apuntes. Solo decir que la historia de esta película está muy bien contada. Que Julio Chávez respira dentro del chaleco antibalas, contenido, perfecto. Y es raro: habla poco. Un película argentina con poco diálogo. Es algo que celebrar. Desde hace algunos años el cine local se libró de los grandes diálogos de sobremesa, insoportables, al estilo Un lugar en el mundo, o Martín H, esos diálogos donde se definen posturas de vida, se confrontan ideologías, y todo está explicado y nada está traducido en imágenes o en actos. Y mucha gente confunde eso con "profundidad". Ese cine teatral (en el peor sentido, digo), espero que vaya quedando atrás.
No quiero decir mucho sobre El custodio porque no se la quiero arruinar a los que no la vieron. Está claro que no tiene un ritmo holywoodense; a algunos podrá parecerles lenta, pero una vez adentro de ese tiempo de espera todo está contado para que uno sea testigo de la vida de ese custodio que es a su vez testigo de la familia del ministro y sus secretos, sus horas de sueño y sus tics de gente con plata. Sin que nada se entrometa entre la historia y nosotros, sin que el guión ni la dirección nos subestimen, van apareciendo pasillos de hoteles fuera de temporada, pasillos de oficinas públicas, canales de televisión, cocheras, puertas que muestran pedazos de conversaciones y se cierran de golpe. Es la historia del tipo que se queda afuera, del otro lado, esperando, preparado para volver a cumplir con las rutinas idénticas, inútiles, de la seguridad. Las coreografías del poder, las coreografías del miedo. Hay algo emparentado con Cama adentro, donde estaba la visión de la mucama, la relación con "la señora". Acá es el ministro y su custodio, que porta una 9 mm.
Lo último que digo es que no hay que hacer un esfuerzo para creerse esta película, no hay que "perdonarle" cosas. Es como para verla solo, escaparse durante el día, meterse en uno de esos cines-shopping y no perderse la escena del karaoke de la sobrina, que desata la única escena con música de fondo en toda la película. Supongo que es triste y contenida, pero es a la vez una gran liberación.

martes, mayo 02, 2006

Extraído de "De cómo la gente conoce a Celso Villaflor, y de las cosas que este hace y dice"

Por David Wapner
1
"La primera vez que lo vi a Celso Villaflor fue en el salón 'Quimicome'; él estaba por leer algunos capítulos de su novela 'Las fieras', pero se hizo un espacio para saludarme, aunque no me conocía. En dos trancos que parecían palas mecánicas estuvo a mi lado y me estrechó la mano. Yo dije, 'mucho gusto en conocerte', y el respondió 'todavía estoy de turno'. Creí entender a qué aludía, pero no hice comentarios ante el temor de embarrarla. Le dije 'creí que eras gordo' y no hizo esperar su réplica, 'es que mi cuerpo lo dejo en casa, durmiendo la siesta, o comiendo un sándwich, no se. Lo que ves es mi espíritu que no pesa nada'. Nos reímos, seguros de sentirnos en sintonía, pero no pude resistirme a preguntarle '¿pero no tenés hambre?' 'La verdad que sí', respondió, 'vayamos todos a comer una pizza'. Me quedé pensando, y se lo dije: -Los espíritus no comen.Me miró con desprecio; no supe cómo tomarlo. Mejor dicho, lo tomé mal, pero tenía que disimular. Prosiguió:-El que se va a comer es mi cuerpo, a mi espíritu lo dejo sentado allí, leyendo pavadas. Total, nadie se da cuenta de nada.Me reí, por hacer un gesto; se notó el alambre de mi aparato dental."
(Martín Lamberto)
2
"Recuerdo haberme encontrado con Celso Villaflor en el club "Alternov", cuando se disponía a dar una charla sobre 'los efectos del timbalirio 'y su paradójica absoluta falsedad'. Me dijo, como al pasar, por decir algo que imaginó me podía caer bien, aunque no me conocía, 'cualquier bardo puede ser una tormenta de flores, ¿oíste?', y convencido de que me había caído simpático, se dirigió a la mesa, que compartía con Quique Rolón"
(Celsa R. Farías)
3
"Soy Celso Villaflor", me dijo, y le respondí "encantado", pero no tenía idea de quién se trataba. Una amiga me soplo que se trataba de un escritor muy conocido, que hacía poemas y cuentos, y que además se sabía de memoria unas cuantas poesías de sus amigos. Pensé en que yo también hacía versos, y le dije a mi amiga, "acerquémosnos, a lo mejor ligamos algo". "Pero si ya estamos cerca", dijo Celso Villaflor, que estaba escuchando todo, "ya se, ya se, le dije", y no supe cómo continuar. Mi amiga, que me azuzaba con pellizcos en el hombro, decía por lo bajo, pero audible para cualquiera que pasase por allí, "pero es Celso Villaflor, ¡es Celso Villaflor!", lo que el propio Celso Villaflor confirmó: "sí, soy Celso Villaflor". Ahí sí, le di la mano, y cuando la retiré pensé para mí, "he estrechado la mano de Celso Villaflor y no se ha producido ningún cambio enzimático digno de mencionar".
(Ferrando Klein)
4
"Ese que está durmiendo en una silla es Celso Villaflor; por favor no lo molestes.""¿Y por que habría de molestarlo?""Todos quieren molestar a Celso Villaflor, y no creo que seas una excepción.""No me interesa en lo más mínimo Celso Villaflor.""¿Y entonces, qué haces aquí, pibe?""Nada, pasaba.""¿No sabías que por aquí andaba Celso Villaflor?""No, no sabía.""Bueno, entonces, andalo sabiendo: ese que está allí, durmiendo como un tronco, es Celso Villaflor."
(Héctor Juan Blas)
5
"Aquel día no había ido nadie, y Celso Villaflor esperaba ser presentado a alguien; una voz dijo "allí hay uno" y me señaló a mí. Se me acercaron tres de los adláteres de Celso y con grandes gestos y voces estentóreas me saludaron, "¡llegaste justo, Celso Villaflor pide que lo conozcas!." Yo soy lerdo para reaccionar, y si me hablan fuerte, quedo mudo. El trío, al notar mi falta de reflejos, me sacudió por los hombros, "¡Celso Villaflor espera ser conocido por vos!, ¿qué te pasa?, ¿querés agua?, ¿leíste el último cuento real de Celso?" "No", solté, y dejaron escapar exclamaciones de asombro. Uno de ellos sacó del interior de una mochila un ejemplar de "Urge la apuesta" y me lo alargó. Lo ojeé a ciegas, dije "está bueno" y callé. -¡Celso! ¡Dice que está bueno!Celso Villaflor apareció al trote:-¿Así que decís que está bueno?Bajé la cabeza.-¿Está bueno? ¿Está bueno? ¿En serio que está bueno?No dije nada. Celso Villaflor consulto con sus amigos:_¿Y ahora cómo sigo?-Tenés que presentarte, no te queda otra.-¿Pero no creen que así se bastardea la esencia de "De cómo la gente conoce a Celso Villaflor y que es las cosas que este hace y dice"?-Hay que ser un poco flexible, excelso Celso, la cosa es sumar.-¿Les parece?-Confiá en nosotros.Celso se volvió hacia mí:-¿Cómo te llamás?-Armando.-¡Armando! ¡Qué tal Armando! ¿Te gustaría conocer a Celso Villaflor?Pensé: o este cree que soy estúpido, o algo le falla. Hice un tanteo:-Celso Villaflor sos vos...Se le iluminó el rostro, me estrechó la mano:-Soy Celso Villaflor. Y ahora, perdoname, me esperan en la otra punta."
(Armando Moreno)
6
"Celso Villaflor cavaba un pozo cuando llegamos en delegación dispuestos a conocerlo. No pensábamos que lo íbamos a encontrar en medio de esa tarea, nos habían dicho que Celso iba a brindar una conferencia, o una charla, o algo así, y nos vinimos preparados para ello. La cosa que esperamos a que se tomara un descanso, que nunca llegaba, Celso no dejaba de cavar y nosotros allí, a la espera de una palabra. Que nunca llegó; nos fuimos una hora más tarde, un poco frustrados, Celso Villaflor de espaldas no denotaba nada particular. Miembros de un tur que llegó al mismo sitio al día siguiente, contaron que pudieron verlo a Celso Villaflor tomando un vaso de agua al pie de la excavación. Aún así, todos coinciden en que no fue gran cosa."
(Andrea Lúmina)
7
"Conocimos a Celso Villaflor una mañana helada, era invierno y viajábamos en colectivo. Nuestra ventanilla no cerraba bien y nos moríamos de frío. Nos paramos para buscar un sitio más caliente, lo importante no era estar sentado sino evitar una otitis, a la cual nosotros somos propensos, más que el promedio de la población. Apenas nos pusimos de pie, una figura avanzó desde el fondo al grito, 'déjenme sentar, soy Celso Villaflor, encantado'. Una vez sentado, el tipo que se anunciaba como Celso Villaflor nos encara:-Yo soy Celso Villaflor y me parece que hoy bato un récord.Como no entendíamos de qué se trataba, no dijimos nada.-Digo que hoy bato un récord, pero está mal. No es así. ¿Cómo se llama, o cómo se dice cuando un escritor es conocido, o es dado a conocer, por dos, a dos personas como ustedes, que viajan en una línea de colectivo, sin intenciones de conocer a un poeta, pero no, o sí, lo conocen, de modo inesperado, porque ni siguiera imaginaban su existencia? ¿Cómo se llama?No sabíamos si responder o no; al final me anime yo:-No se.Celso Villaflor se desentendió de nosotros para abocarse a cerrar, o intentar cerrar, la ventanilla."
(Aldo Toro)
8
"No pude creer que aquel que gateaba para conseguir no se qué cosa extraviada debajo de unos cajones era Celso Villaflor. No porque no me lo imaginase haciendo ese tipo de cosas que cualquiera puede emular, sino que le dedicaba demasiado tiempo al menester. Al no obtener los resultados esperados, esto es, al no encontrar los objetos que buscaba, Celso Villaflor profería juramentos que advertían acerca de que no se habría de levantar hasta no haber logrado su propósito. Y no lo logró, puedo dar fe, no sólo porque no alcanzaba con sus manos, sino porque no había nada. Alguien me dijo después que tal acto de Villaflor era una excusa para evadirse de aquellos que desean conocerlo y así ser anotados en su libro de visitas. Yo no estoy tan seguro, y que sepan disculparme. De todos modos, lo llamé y él se dio vuelta. 'Estoy hecho', me dije, y me volví."
(Fabiana Aronson)
(Originalmente publicado, con variantes, en Mardagobio Blogo)

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