lunes, enero 23, 2006

Nicoleta en el ripio

(sacado de Autobombo)

Hace 20 horas que estoy viajando en auto con mi familia. Mejor dicho, con parte de ella: padre y madre. Hace años que no compartía tanto tiempo con ellos y comprobé que, definitivamente, uno se desacostumbra. O que descubre detalles a veces encantadores, otras monstruosos, de esas personas con las que convivió mucho tiempo (suficiente tiempo). Aprieto el acelerador en un descuido del copiloto -en este caso mi padre- que no me deja pasar de 140 y descubro, por ejemplo, que mi madre (sí, me gusta decirle "madre") es capaz de terminar un largo discurso circular casi imposible de seguir con una frase como "pero al final la verdad siempre triunfa", y después girar la cabeza hacia la ventana y decir: "Ay, mirá que lindos patitos". Bajo la velocidad porque en una curva pronunciada en la que me costó adherirme al asfalto se me cruzó por la cabeza que podría matarnos a todos de un momento a otro (y no sería justo para mis tres hermanos) y descubro que mi padre, que se puso nervioso en esa misma curva, dice la palabra "combustible". Lo escucho: "Bajá de 140 porque se nos va a acabar el combustible". Y de pronto lo veo, sí, como el doble venido a menos de Indiana Jones empeorado por el doblaje mexicano y decido perdonarle la vida. A él le hubiera encantado salir en busca del arca perdida. Aún me quedan un par de días más con ellos. Qué extraños que son los padres.

1 Comments:

Blogger tino said...

Cuanto más conozco a la gente, más rara me resulta.
Probaste con un tío? Sorprendente.

8:54 a. m.  

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