lunes, noviembre 07, 2005

Dos de Joaquín Giannuzzi

JUEGOS OLÍMPICOS

Frente a mi pesada osamenta intelectual
aplastada al planeta como un muerto bien educado,
la pequeña atleta brinca, puliendo
en cada giro espacial
su chispa de materia afinada.
A solas con mi difícil pulmón
miro el liviano diseño de una coreografía
prisionera de su propia y exacta libertad,
la pirueta circular, su trayectoria lírica
sobre la chata, infinita referencia del suelo.
Jadeando, ovaciono esta fe,
esta aventura ingrávida de la menor carne posible,
sus rápidas curvas aéreas
entre mínimos puntos de apoyos intantáneos
de la mano y el pie,
el vuelo que el planeta permite
suave, enorme, acostado,
al juego de su pequeña criatura saltarina.



MI HIJA SE VISTE Y SALE

El perfume nocturno instala su cuerpo
en una segunda perfección de lo natural.
Por la gracia de su vida
la noche comienza y el cuarto iluminado
es una palpitación de joven felino.
Ahora se pone el vestido
con una fe que no puedo imaginar
y un susurro de seda la recorre hasta los pies.
Entonces gira
sobre el eje del espejo, sometida
a la contemplación de un presente absoluto.
Un dulce desorden se inmoviliza en torno
hasta que un chasquido de pulseras al cerrarse
anuncia que todas mis opciones están resuletas.
Ella sale del cuarto, ingresa
a una víspera de música incesante
y todo lo que yo no soy la acompaña.


("Principios de incertidumbre, 1980)

1 Comments:

Anonymous figueredo is death said...

extraordinatio¡¡

9:06 p. m.  

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