martes, febrero 28, 2006

El amanecer de un remisero

por Pedro Mairal
En Pinamar una noche, a los 17 años, estaba tan pero tan solo que me dediqué a llevar hasta Gesell a las chicas que hacían dedo. No fue premeditado. Estaba deambulando con el auto por el centro, llegué a la rotonda y las vi: cinco chicas que salían de bailar. Pegué la vuelta con el corazón en la boca y frené. ¿A dónde van? A Gesell, ¿y vos? También, sí, a Gesell (mentira), suban. Era media hora de ruta o algo más en ese Renault 12 chocado por mi hermana que aprendió a manejar ese verano. Les hablé un poco. Esas preguntas serias de tipo que no sabe levantar minas: ¿De dónde son?, ¿cuándo se van? No me daban ni bola, hablaban entre ellas. Cuando pasamos por el telo que hay a la salida de Pinamar, se me ocurrió hacer un chiste pero no lo hice. Las dejé en la entrada de Gesell. Volví a Pinamar y volví a llevar a otras. Cada vez se hacía más tarde, más tarde, hasta que ya era temprano y me dolían los ojos. Ya ni les hablaba, estaba como metido en una misión secreta: llevar chicas a Gesell, todas las que pudiera. En el tercer viaje me animé a hacer el chiste frente al telo. ¿Cuántas son? Seis, dijeron. Bueno, si nos metemos acá y pasan de a una, me las banco a todas. Se rieron un poco pero tampoco fue para tanto. Lo más raro fue que cuando me fui a dormir, con el sol ya medio alto, estaba contento.

lunes, febrero 27, 2006

Los perros del paraíso


¿Hay más perros callejeros en Buenos Aires? Vi uno en Alem y Paraguay, otro en Maipú y Córdoba. Parece haber más turistas y más perros sueltos. El de Alem estaba dormido. Un perro amarillo. Alguien le había tirado al lado un poco de wiskas o alguna porquería así, y el tipo ni pelota. Cuando pasé, al rato, se había corrido un poco para que no lo jodan. Hace un tiempo, una noche vi ocho o nueve perros cruzar avenida Belgrano a las dos de la mañana, en diagonal, hacia el bajo. Avanzaban al trote largo, sabiendo bien dónde iban y a qué. ¿De dónde salen? ¿Qué hace un perro en el microcentro? ¿Cómo llegó hasta ahí sin que lo pisen? Busaniche hacía una descripción de las jaurías enormes que se reprodujeron y quedaron dando vueltas cuando se fue Mendoza. Atacaban a caminantes, se comían las ovejas, los terneros, los potrillos. Estos no parecen ser una amenaza, hasta caen simpáticos, durmiendo así tan despreocupados al pie de las torres de oficinas, esperando que se acabe el mundo o que al menos afloje un poco el calor.

sábado, febrero 25, 2006

Fantasías de Crumb

jueves, febrero 23, 2006

Feo en el coito...

por C. E. Feiling

PLM iv 101 (¿Petronio?)


Feo en el coito y breve es el deleite,
y Venus trae el tedio en un instante.
No entonces como el lúbrico ganado
caigamos de cabeza, ciegos, pronto
(pues languidece amor, perece llama);
sino así, así, sin fin festivos
contigo yaceremos entre besos.
Ningún trabajo aquí, rubor ninguno:
sólo el placer que place para siempre,
el que nunca decae y siempre empieza.

(de Amor a Roma, 1995)



Algunos links a C. E. Feiling:
(PDF anticipo de Con toda intención) (Reseña de Beatriz Vignoli) (Monolingua comenta la reseña) (Famoso cruce de Feiling y Aira en Babel) (Comentario del cruce en Dudo de todo)

y más en literatura.org

lunes, febrero 20, 2006

Diferentes matices del rojo


Por Juan Terranova

Sobre Lulúpe María T
Autor: Tatiana Goransky
Editorial: Simurg, $22.

En el saturado pero alegre universo de Lulúpe María T., tanto el personaje como la novela seducen desde una ingenuidad maliciosa, polimorfa, no exenta de inteligencia, ambigua y atractiva en su ambigüedad. En el comienzo el planteo narrativo parece simple: el libro promete la vida de Lulú en cálidas viñetas y un humor ligero sin excluir alguna que otra cuota de violencia.
Rápidamente, sin embargo, Tatiana Goransky enrarece forma y contenido haciéndolos dialogar y fusionarse. Lulú, después de un trágico inicio sexual y habiendo probado el mecanismo de la venganza, emprenderá un viaje arbitrario que se repetirá en paralelo con la persecución de Benito, su atípico pretendiente. Mientras tanto la promesa de un avance cronológico en la vida de Lulú empezara resquebrajarse para luego simplemente estallar.
Títulos y subtítulos propondrán nuevos géneros, y así encontramos, por ejemplo, un Diminuto ensayo de carta de María López de T a su padre biológico mientras la quinta parte del libro se titula Algunas escenas de la adultez seleccionadas cuidadosamente para ejemplificar la totalidad de este período, hasta llegar a sintetizar un capítulo como una lista sobre los nombres que recibe la mestruación titulada Ochenta y una maneras de nombrar... (entre otros “la maldición”, “la amiga” o “la ciruela colorada”).
La variación terminará por incluir mapas, gráficos, recortes de diarios y fotos. Aunque el curriculum de la autora, conocida por su columna Séxodo aparecida en diferentes medios, prometía más erotismo, María Lulúpe T es finalmente una primera y apasionada novela que, en su rojo furioso, recorre extraños cromatismo, a veces erráticamente, pero siempre de forma interesante y lúdica.
(Publicado en el suplemento Cultura de Perfil)

Para que lo vea Dios

Como en las líneas de Nazca, el trazado de Ciudad Evita es el perfil de Eva con rodete.
(gracias Días que se empujan en desorden)
Dicen que hay un barrio en La Rioja que es el perfil del cotur con patilla y todo.




viernes, febrero 17, 2006

escuchado en una bar (uno)

"De nuestra generación, los literatos le deben más al blog que al sistema educativo argentino."

Ser Pancho D'otto

por Miguel U.


Nada se cae a mi alrededor,
todo es firmeza de glúteos,
puras ninfas de pezones escarlata,
mujeres mini ob, palomas tiernas.
Ser un hombre que envejece entre los ángeles,
ser el único viejo que resbala,
hacia la decadencia de la carne,
el que echa panza y canas,
el que se va encorvando
aferrado y adicto
a la renovación de las modelos
que llegan cada enero
hasta la casa verde frente al mar.
Las vírgenes del plata
me llegan en aviones luminosos,
eróticas y lacias, las lolitas,
mi juventud eterna y desdeñosa,
mi Dorado imposible.
Yo vivo entre niñas de ojos enormes
que giran a mi alcance,
pululan en bikini,
mis lánguidas, en órbita, mis límpidas,
mis potrancas hermosas y crueles.
Yo intento sorprenderlas,
soy un jovato cool entre las teens,
derrapo el convertible,
las llevo por la ruta
pero todo es en vano,
el aroma a shampoo y crema de enjuague
ondula y me despide
porque sólo yo voy,
ellas se quedan,
se quedan en los labios encarnados,
permanecen lozanas,
persisten en la redondez de los primeros soles
y yo me tengo que ir hasta mi calavera,
con mis patas de gallo y mi lumbago.
Siempre estoy resbalando muy lento aunque me abrace
a la cintura nueva y concubina.
Todo es última cena incluso a mediodía,
las apóstoles rubias y bañadas
con solo sonreír ya me traicionan.

miércoles, febrero 08, 2006

Entrevista a David Viñas

"Borges se convirtió
en tótem y en empresa"

Por Juan Terranova y Glenda Vieites

La primera edición de Literatura argentina y realidad política es de 1964. En ese momento, la obra constaba de un solo volumen y su cronología crítica llegaba hasta 1910. Después, el Centro Editor de América Latina, con Boris Spivacow a la cabeza y bajo la dirección de Beatriz Sarlo, lo reeditó. En los años 90, Sudamericana lanzó la obra en dos tomos con el nombre de Literatura argentina y política. Y recientemente, la editorial Santiago Arcos puso en circulación la cuarta versión del que, hace tiempo, es un libro central de la crítica literaria argentina.
Muchas veces, David Viñas recordó haber nacido el último año del gobierno de Yrigoyen, en la esquina de Talcahuano y Corrientes. Apenas a dos cuadras, en el bar de la librería Losada, donde pasa sus tardes, espera a los periodistas sumergido en una nota que narra el triunfo de Evo Morales en Bolivia. El texto está repleto de corchetes, llamadas y subrayados, todo en tinta roja. “El diario La Nación, a través de sus redactores, insiste permanentemente en que la izquierda ha muerto”, sentencia y, por supuesto, frunce el ceño.
Después explica: “El proceso boliviano está señalando que a nivel latinoamericano ha reaparecido una izquierda potente. Lo mismo sucede en Chile con la candidata socialista Michelle Bachelet, agnóstica e hija de un general torturado y asesinado por la dictadura de Pinochet”. Viñas, que está visiblemente más flaco que hace un tiempo, sigue prendiendo, a sus 76 años, un cigarrillo detrás del otro. “Fumando espero”, responde cuando se le pregunta por el actual proceso latinoamericano.
En el libro, usted afirma que la crítica literaria era inmovilizadora. ¿Cree que sigue siéndolo?
Alguna crítica sigue siéndolo y otra no. Desde que empecé a trabajar con León Rozitchner, Ramón Alcalde, Adelaida Gigli, proponíamos a partir de Contorno leer el enfrentamiento que había en la literatura. En ese momento, cuestionábamos toda una tradición crítica que eludía esos ingredientes decisivos de la ciudad, los componentes de tensión, de espesor que están vinculados a la historia.
¿Podría volver a escribir “Literatura argentina y política hoy”?
Aunque todavía apuesto a la lectura crítica, en este momento no tengo el ímpetu para hacerlo. Lo hacen, sí, y muy bien, algunos compañeros que se ocupan fervorosamente de la literatura argentina: Gabriela García Cedro, María Pía López, María Gabriela Mizrahi, Guillermo Korn y Eduardo Rinesi, entre otros. Es una propuesta crítica con determinadas características que todavía presupone la aparición de la polémica. Algo así como una levadura para poner en cocción este espacio que está cada vez más reducido.
¿Qué lectura influenció más su análisis?
La más significativa fue Muerte y transfiguración de Martín Fierro, de Ezequiel Martínez Estrada.
Reeditado justamente este año...
Me parece un libro capital y de incidencia polémica.
Viñas hace un alto, suspira, cuenta que en algunos días se está yendo para La Habana y comenta que desde 1981 no viaja a Cuba. “Espero encontrarlos bien”, dice y agrega que este año va a aparecer una revista de nombre Crónica General de América Latina: “El primer número va a ser sobre vanguardias y revolución... Y teníamos muchas ganas de empezar a leer críticamente a Bolívar”. Después agrega que no le gustó Guayaquil, la obra de teatro de Pacho O’Donnell. “Los actores no estaban mal, pero le faltó jugarse más, revisar el contexto, revolver un poco más la cosa...”
¿Dejó de escribir novelas?
No, por favor... En abril, Dios mediante y la virgen de Guadalupe, sale en Sudamericana un libro que se llama Tartabul o los últimos argentinos del siglo XX. Está dedicado a mis hijos Lorenzo Ismael y María Adelaida.
Usted rescata la figura de Rodolfo Walsh como autor comprometido y juega diciendo que es mejor que Borges, pero nunca dio un argumento concreto.
Creo que es más productivo. Su literatura es más productiva. Borges tiene imitadores, pero se encierra en sí mismo. Walsh plantea un entrecierre, por eso es mucho más seductor. Si decimos que Borges tiene imitadores melancólicos, en el caso de Walsh hay continuadores posibles. Porque los imitadores de Borges, dada la canonización oficial, lo convirtieron en un tótem, lo cerraron. Con Walsh eso no sucedió porque sus componentes tienen algo provocativo y movilizador. La figura y la obra de Borges, al contrario, inmoviliza. Insisto, es un tótem. Lo convirtieron en eso, y en una empresa también, dedicada a corroborar esta canonización. Incluso, no podemos dejar de lado el final de uno y de otro. Me animo a plantear que la elección de Borges de ser enterrado en Ginebra, la distancia, la lejanía, facilita la canonización. Sin embargo, con Walsh esto es imposible. Su cuerpo nunca apareció. No hay forma de hacer una momificación.
¿Sigue pensando que su posible continuador es Verbitsky?
Nunca lo dije. El se postuló. Recuerdo una entrevista, anterior a la dictadura, en que estaban Walsh y Verbitsky en un bar frente al Botánico. Verbitsky tenía gran devoción por Walsh, pero también ha sido canonizado. Se ha convertido en una especie de palabra oficial. Con todo un aparato detrás.
¿Cómo recibe usted el peronismo de Walsh?
Polemizábamos mucho por esto. Creo que él intentó rescatar lo más destacable del peronismo, tarea confusa y viscosa. Yo era opositor, cuestionador de todo ese complejo cultural que fue el peronismo. El murió escrupulosamente en su ley. Uno tiene el ambiguo privilegio de ser un sobreviviente, pero creo que esa polémica se está dando cada vez más. Si es que vamos a trabajar con rigor. Veo marchas populares pasar por Corrientes casi todos los días, y los grandes tótems e íconos del peronismo popular ya no aparecen más. El que aparece es el Che Guevara.
¿Qué considera que puede llegar a pasar con esta “reaparición” de la izquierda en Latinoamérica?
En algunas personas de la derecha histórica esto provoca por lo menos una inquietud, cuando no directamente miedo explícito. Otros se refugian en algo que es un punto muerto, como el centro, que sirve para cualquier cosa. Evidentemente, en Latinoamérica hay una actualización de una perspectiva cultural, política y económica de izquierda. Hay una apuesta al cambio, a cuestionar el statu quo. Teniendo en cuenta lo que decíamos (periódicos que en sucesivas expansiones del tipo “necrológicas” anunciaron la muerte del sujeto, la ideología y la izquierda), habría que citar a Don Juan Tenorio: “Los muertos que vos matáis gozan de muy buena salud”.
Toda su obra está interpelada por el análisis político. Justamente este libro antes se llamaba “Literatura argentina y (realidad) política”. ¿Cuál es la urgencia de la “realidad” política hoy?
Lo peor es la mercantilización vertiginosa de todo el espacio público. Esto ya suena a lugar común. Pero no por eso es menos verdad. Es un poder confuso, mutilador, inmovilizador. De negación a todo lo que pueden ser propuestas críticas, aperturas, polémicas. Hoy leía en este libro de Steven Levitsky (La transformación del justicialismo, del partido sindical al partido clientelista, 1983-1999) que las unidades básicas desaparecieron porque son muy caras. Fueron reemplazadas por la presencia televisiva. Levitsky alude a un testimonio de (Alberto) Pierri, ex presidente de la Cámara de Diputados, que se convirtió en empresario. El procedimiento mercantilista lo proyectó sobre la interna peronista y suprimió entre otras cosas las unidades básicas, con el criterio de que eran muy caras. Digamos que optó por la televisión.
¿Para usted sigue vigente la frase: “Los intelectuales argentinos siempre se suben al caballo por la izquierda y se bajan por la derecha”?
La frase es de Jauretche, y se refiere, sobre todo, a un proceso de cooptación.
¿Es evitable ese proceso?
No. Y se verifica en la actualidad. Hay toda una constelación de intelectuales que se subieron al caballo por la izquierda y se bajaron por la derecha. Hay quienes todavía se reclaman como marxistas, pero como una apelación totalmente abstracta, porque cuando se ubican en la realidad cotidiana de la ciudad, apoyan públicamente a candidatos liberales o de derecha. El marxismo se convierte, así, en una especie de plegaria.
¿Es verdad que Arturo Jauretche lo mandó preso?
Eso fue en el año 1948. Y no lo cuento para que me pongan medallas ni para apelar a la comunión de los santos. Fue durante una huelga bancaria. Yo trabajaba en el Banco Provincia y entramos a ver quiénes habían ido. Era una huelga estrictamente sindical, que reivindicaba aumento de salarios. Jauretche, que en ese momento era el presidente del banco, se indignó porque estábamos adentro, llamaron a un vigilante de la Comisaría 1ª y de ahí nos llevaron al Departamento de Policía, donde nos hicieron escuchar un discurso muy vehemente del jefe de Policía de entonces, el general Velázquez, parado abajo del gigantesco cuadro de un héroe del sistema: el coronel Ramón Falcón. Después de este acontecimiento, fui cesanteado. En este momento, hay una especie de canonización acrítica de la figura de Jauretche entre los intelectuales.
¿Por qué la izquierda puede ser hegemónica en lo cultural y le cuesta tanto unirse en espacios políticos?
Bueno, ésa es su tradición. En la Argentina, la izquierda tiene notoriamente una representatividad muy precaria en lo específicamente político. Pero también tendríamos que analizar el concepto de “izquierda”.
Libros y teatro

“Ojalá se haga con el rigor que se hizo en su estreno, es una apuesta.” Viñas se refiere a la reposición de Lisandro, una de sus obras teatrales, estrenada en 1972, que este año se repondrá bajo la dirección de Villanueva Cosse y la actuación de Manuel Callau.
¿Sigue interesado en la producción cultural?
Los núcleos se reiteran, se actualizan, se deforman, se corren. Con mis limitaciones de por medio (señala su vista y sus oídos), intento seguir esas constantes.
¿Qué rescata de esas constantes?
Me interesa mucho el cine. Me gustaría poder aplaudir más el cine argentino. Tengo presente a Luis Machín, actor de Un oso rojo. Ese hombre emite, tiene aura. El relato de esa película es destacable, tiene contrapuntos insolentes que me parecieron formidables. También me gustó el trabajo de Adriana Aizemberg en El abrazo partido. Ella viene del viejo teatro independiente, de la época de Fray Mocho. Aplaudí con entusiasmo las obras de teatro Venecia, de Jorge Accame, y Monos con navaja, de Luis Sáez. Allí había una chica cuyo trabajo era maravilloso, Débora Astrosky. Rojos globos rojos, de Eduardo Pavlosky, también es un grotesco de esos pensados para Pepe Arias.
¿Y de la producción literaria?
Me gustaron algunas cosas que leí de Miguel Saccomano, de Belgrano Rawson, de Sergio Olguín. Me encontré en esa novela que editó Tusquets, Filo, y eso me enterneció, aunque no sé si salgo del todo bien parado. También leí una Historia de la Patagonia, de Susana Bandieri, un libro excelente.
¿Qué lo entusiasma hoy?
Muchas cosas. Hacer una lectura crítica de La Nación. Cuestionar ciertos aspectos que funcionan como mediadores políticos. Es una especie de obsesión mía. Pero no es algo terriblemente difícil, los textos son casi transparentes, aplastados, sin vuelo. Sin duda, la derecha está hoy muy devaluada, sin fuerza retórica. Cuando vuelva de Cuba, me gustaría escribir algo sobre Andrés Oppenheimer. Si lo escribo, lo voy a titular “Colega”. Lo que escribe es tan desdichado que lo leo con regocijo. Sin duda, es un gran humorista.
(Publicado en el suplemento Cultura de Perfil el 15 de enero del 2006)

martes, febrero 07, 2006

Gonzalez

Por Ignacio Molina

Escuché la voz de González, el portero del edificio de al lado, a través de la ventanilla por la que atendía a los clientes:
–Flaco, hoy hace treinta años que me metieron en cana –me dijo como al pasar mientras terminaba de barrer la vereda.

"Si no la contaba se moría", decía mi viejo cada vez que alguien –el mozo de un bar o un conocido que nos cruzábamos por la calle– se alejaba con una sonrisa de satisfacción luego de contarnos su anécdota. Recordé esa frase mientras le preguntaba a González "¿a quién boleteaste?", antes de abrirle la puerta del local suponiendo que ésta superaría en calidad a su promedio de historias.
González entró, buscó un Jorgito blanco en la caramelera, apoyó la escoba contra la heladera exhibidora y contó algo más o menos así:

–Sí, hace treinta años volvió Perón. Pero esto no tiene nada que ver, o casi nada. Calculá que yo tenía quince años. Vivía en Mar del Plata, y a veces, como mi viejo me mandaba a laburar, hacía changas ayudando a un tipo que colocaba alfombras y cortinados . . . Sí, cuando me iba mal en la escuela . . . Bueno, resulta que un día, volvía a mi casa a la tarde, y me para un patrullero, salió un tipo, un cana de civil, me metió adentro a los golpes, y en el asiento de atrás me siguieron pegando. "¿Adónde está la guita, pibe?", me decían. ¿Qué mierda pasaba? . . . Yo no entendía nada, no podía ni hablar. Cagado en las patas estaba . . . Sí, quince años tenía, un pendejito era . . . Perá que te cuento . . . Parece que a una señora, una vieja, que le habíamos hecho un laburo en la casa, le faltaban como 40.000 dólares de la caja fuerte. Le habían afanado, y cuando fue a hacer la denuncia y le preguntaron de quién sospechaba me mandó en cana a mí . . . Sí, vieja de mierda . . . Yo no tenía nada que ver . . .

No, qué me van a soltar enseguida. Más de un día me tuvieron encerrado . . . Y los canas estaban convencidos de que yo era el chorro, o se hacían los que estaban convencidos. A la noche me siguieron pegando, me preguntaban por la guita y ahí me contaron que la vieja esa me había botoneado mal, y después me torturaron para que firme un papel: las manos contra la pared y picana en los testículos . . . sí, picana . . . firmé una declaración o algo así . . . Al otro día mi vieja me llevó dos sánguches de milanesa así gigantes a la comisaría, y los guachos no me dieron nada, me los mostraron y se los comieron ellos . . . Al final me largaron, pero quedé enganchado. Mi viejo se gastó no sé cuánta guita en un abogado y quedé como inocente, pero la vieja esa seguía pensando que era yo. Una vez se cruzó a mi vieja en la calle y le dijo "cuide mejor a su nene" . . . Sí, picana en los testículos, no sabés cómo quema . . .

Supongo que, si en ese momento no hubiera habido una clienta escuchando, González habría gesticulado más y, en vez de "los testículos", habría dicho "los huevos" o "las pelotas".

Ese invierno tuve que dejar el kiosco, y al verano siguiente fui a pasar unos días a Mar del Plata con mi novia. Una tarde nublada salí del hotel, crucé la calle, y no me sorprendió escuchar la voz de González que me llamaba desde el interior de un bar.
Nos saludamos con un abrazo; parecía contento de verme. Me pidió que me sentara y, después de contarme trivialidades y de preguntarme que quería tomar, señaló a uno de los hombres que ocupaban la mesa del fondo del local.
–¿Te acordás cómo me contabas que te vengarías?

Aunque el hombre ya andaba cerca de los sesenta años, González estaba seguro de que era uno de sus torturadores. Además, había hecho una pequeña investigación y, durante casi una semana, había armado un cronograma de su rutina. El tipo rengueaba, tenía una bala alojada en una rodilla y mantenía una disciplina policial: cada tarde, a las siete en punto, cruzaba lentamente la calle y se encontraba en el bar, para tomar un vermut y jugar a las cartas, con otros retirados de la fuerza.

Al día siguiente salió el sol y pude ir a la playa. A las siete de la tarde, de vuelta en el hotel, giraba las canillas de la ducha cuando escuché, sin una frenada premonitoria, el ruido seco de un golpe y un grito de mujer. Lo primero que vi al asomarme por la ventana fue el techo del Peugeot de González, que había quedado con una de sus ruedas delanteras encima de la vereda. Durante el tiempo que yo había tardado en cruzar la habitación, desnudo y mojado, ya se habían juntado unos diez curiosos en la esquina, y algunos más se asomaban por la puerta del bar.

lunes, febrero 06, 2006

Viaje estival con Lucio

por Francisco Madariaga

-Aquí ya empiezan a haber caballos-
me decía.
Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde
entre los colores del agua de la infancia.
Estábamos ya muy lejos de los bronces, los
mármoles y los floreros pintados "al gusto de
la familia" en los cementerios municipales.
Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo
tren casi fluvial nos envolvía.
Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en
las manos las ramas de las estrellas y
el resplandor lentísimo de los ríos rosados,
donde sangraba el sol de los caballos, las
vaquerías y las antiguas guerras.
Era el primer viaje solos en el tren marrón que
no quiere morir.

(de País Garza Real, 1997)

(el audio estaba hace años en el archivo de poesia.com)


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domingo, febrero 05, 2006

Respuesta para pedido de padrinazgo

En Un niño grande (About a boy) un matrimonio, que no sé bien quiénes son, le pregunta al personaje de Hugh Grant si quiere ser el padrino de la hija y él contesta:

“Escúchenme, estoy muy muy emocionado. Pero me tienen que estar jodiendo. No se me ocurre un padrino peor para Imogene. Me conocen: la voy a dejar plantada en el bautismo. Me voy a olvidar todos sus cumpleaños, hasta que cumpla 18, y ahí la voy a llevar a algún lado, la voy a emborrachar... y muy probablemente, digamos la verdad, me la voy a tratar de coger. O sea, sinceramente, me parece una muy mala elección”.

miércoles, febrero 01, 2006

un dos temperamental no vuelve

Compañeros: Este viernes a las 18hs. hay un partido en cancha grande (11 contra 11). Es un desafío que organizamos un grupo de la facultad contra un grupo de compañeros trabajadores de la industria metalúrgica. El partido va a ser en Tapiales (partido de La Matanza), algunos "aguafuertistas" conocen bien la zona... Así que todo aquel que tenga ganas de cruzarse la General Paz y correr largo y tendido (y de visitante), avíseme que combinamos para ir juntos hacia la barbarie... Un abrazo a todos, Martín.

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